Autor: oguibovich

  • Seguridad rural: una deuda que no admite más postergaciones

    Sostuvimos una reunión con los Ronderos de la Base de Colcap, en las cercanías de Jimbe. Un encuentro que no solo permite escuchar, sino entender algo que desde Lima muchas veces se olvida: la seguridad no empieza ni termina en la ciudad.

    La historia de estas rondas se remonta a los Comités de Autodefensa (CAD). Pero reducirlas a una referencia del pasado sería un error. Su compromiso con la defensa de la vida, del territorio y de sus comunidades no tiene fecha de caducidad. Siempre alertas. Siempre listos. No por consigna, sino por convicción.

    Hoy el país atraviesa una encrucijada de inseguridad nacional. La violencia, el crimen organizado y la ausencia del Estado avanzan sin distinguir fronteras administrativas. Y, sin embargo, seguimos pensando la seguridad como si fuera exclusivamente un servicio urbano, diseñado desde escritorios y aplicado solo en las ciudades.

    Eso es un error estratégico.

    Repensar los CAD no es una provocación ni una nostalgia. Es una obligación. Porque la seguridad también es rural. Porque el Perú profundo no puede quedar fuera de la ecuación. Porque allí donde el Estado llega tarde —o no llega— la organización comunitaria ha demostrado ser un primer dique de contención frente al desorden y la violencia.

    La experiencia de los ronderos de Colcap lo confirma: identidad, organización y sentido de responsabilidad colectiva. Tres elementos que hoy brillan por su ausencia en buena parte de la política pública de seguridad.

    El reconocimiento es merecido. A los ronderos, por su compromiso permanente. Y también a quienes, desde la organización política local, entienden que este tema no puede seguir postergándose. Felicitaciones a nuestra coordinadora distrital Ethel Luna, por interesarse y empujar una agenda que pone la seguridad —también la rural— donde debe estar: en el centro del debate.

    Porque sí, sí se puede. Pero solo si dejamos de mirar la seguridad como un problema ajeno y empezamos a asumirla como una responsabilidad compartida.

  • La Carbonera: cuando la realidad supera al problema administrado

    Durante más de veinte años, La Carbonera ha esperado una solución real vinculada a Proyecto Especial Chinecas. Dos décadas en las que el problema no se ha resuelto, solo se ha administrado. Y cuando un problema se administra en lugar de solucionarse, lo que ocurre no es neutral: se postergan derechos, se normaliza la informalidad y se condena a miles de personas a vivir sin Estado.

    Hoy, La Carbonera es —increíblemente— un oasis verde. Una zona que genera entre 20 y 30 mil empleos, con efectos sociales evidentes y directos. Pero esa potencia productiva convive con una ausencia que lo contamina todo: la falta de saneamiento.

    La carencia de saneamiento no es un asunto técnico menor. Es la razón por la cual los empleos no pueden ir de la mano con un seguro social digno para los trabajadores. Es lo que impide que se pague por el agua, que se reinvierta, que se planifique, que se crezca con confianza. Es lo que explica por qué no existe un puesto de salud acorde a las necesidades de una población que trabaja, produce y sostiene una cadena económica relevante.

    Y, sin embargo, La Carbonera no es informal por incapacidad ni por atraso. Todo lo contrario. Allí opera la segunda exportadora de higos más grande del Perú, con presencia en mercados europeos. Existen plantas de procesamiento, riego tecnificado, conocimiento acumulado y una clara vocación productiva. La realidad está ahí, funcionando. El problema es que el Estado no ha sabido —o no ha querido— acompañarla.

    Esta contradicción no puede seguir sosteniéndose. Una realidad que genera empleo, exportaciones y desarrollo no puede seguir siendo tratada como un problema administrativo. La primacía de la realidad obliga a una sola dirección posible: avanzar. Regularizar. Integrar. Garantizar derechos. Darle forma institucional a lo que ya existe y funciona.

    La visita a La Carbonera deja una lección incómoda pero necesaria: cuando el Estado llega tarde, la gente igual avanza. Lo que no puede seguir ocurriendo es que ese avance se haga sin protección, sin servicios básicos y sin condiciones mínimas de dignidad laboral.

    Las soluciones no pueden seguir postergándose. Soluciones ya.

    Finalmente, un reconocimiento sincero a la Asociación Agroexportadora por la crudeza y honestidad de sus exposiciones. Poner la verdad por delante, hablar sin maquillaje y asumir una postura clara del lado de los trabajadores y de sus derechos es indispensable si se quiere construir empatía y soluciones reales. Felicitaciones a José, Paty, Roberto, Rafael, Javier, a todos los dirigentes y, sobre todo, a sus trabajadores. Ahí está la realidad. Ahora toca estar a la altura de ella.